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Estimulador externo cuya punta describe un movimiento elíptico en lugar de vibrar, con reserva de potencia para cuando se presiona.
Es una experiencia universal y casi nadie sabe a qué se debe: se apoya el juguete con ganas y, en lugar de notarse más, se nota menos.
La causa es mecánica. Un motor de vibración gira un contrapeso. Al presionar contra el cuerpo, la resistencia frena ese giro: baja la frecuencia y baja la amplitud. El motor está trabajando más y produciendo menos.
Y va contra lo que pide el cuerpo, porque en el punto alto de la excitación lo que apetece casi siempre es más presión.
Lo que hace un sistema con control de potencia —lo que LELO llama Cruise Control— es reservar una parte de la energía y liberarla cuando detecta que el motor se está frenando. El resultado es que la intensidad se mantiene con el juguete apretado contra el cuerpo, que es cuando hace falta.
Y el movimiento elíptico va en la misma línea: la punta no vibra en el sitio, se desplaza describiendo un óvalo. Un estímulo que se mueve se sigue notando —los receptores informan de cambios, no de estados—, así que satura mucho más tarde que una vibración fija.
Apoyar la punta sobre el capuchón o a un lado del clítoris —el contacto directo sobre el glande resulta excesivo para mucha gente— y dejar que trabaje. Con lubricante de base agua: sobre piel seca una punta en movimiento arrastra en vez de deslizar.
No porosa: se lava con agua y jabón y queda limpia de verdad. Solo lubricante de base agua — el de silicona ataca la superficie.
| Mecanismo | Punta de movimiento elíptico |
|---|---|
| Potencia | Se mantiene al presionar |
| Ventaja | Satura más tarde que una vibración fija |
Agua templada y jabón neutro insistiendo en la base de la punta, secado completo.
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