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Pieza de gran longitud con curva pronunciada.
Es la técnica más simple de todas y la que evita la mayoría de los sustos con formatos grandes.
Se sujeta a la altura hasta la que se quiere llegar y no se suelta. La mano queda entre la base y el cuerpo, y hace de tope físico: por mucho que el movimiento se acelere, no se pasa de ahí.
Y esa altura se decide antes, en frío, no a mitad. Si el cuerpo pide más, se cambia de posición la mano de forma consciente — no por inercia.
Existe el tope anatómico, pero llega tarde y avisa doliendo: el recto termina en un ángulo cerrado a los 12-15 cm, y al fondo de la vagina —8-10 en reposo, 11-13 con excitación— está el cuello del útero, que duele al golpearlo.
Con la mano como freno, ese tope no se alcanza nunca, y ahí está la gracia: la longitud extra deja de ser un riesgo y pasa a ser lo que es, mango para dirigir la curva.
Y esa curva mira hacia el ombligo, siempre: es lo que la lleva a la pared frontal —punto G a 4-5 cm, próstata a 5-7—, que responde a presión sostenida y no a vaivén.
Si lo maneja otra persona, esa mano-tope es suya y la altura la decide quien recibe.
Base ancha siempre — el ano aspira hacia dentro y sin tope no hay forma de recuperar la pieza. Lubricante abundante y renovado: el recto no lubrica. Despacio: el esfínter interno cede con tiempo, no con fuerza. Nunca del ano a la vagina sin lavar antes.
| Técnica | Sujetar a la altura deseada y no soltar |
|---|---|
| Por qué | El tope anatómico llega tarde y avisa doliendo |
| Curva | Siempre hacia el ombligo |
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