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Pinzas de pezón de presión ajustable con campana plateada de 6 cm.
Y es lo que las distingue de cualquier otro colgante. Un peso liso tira y ya está; una campana suena.
Eso permite una idea muy concreta: «no te muevas». Cualquier gesto se oye, así que quedarse quieto deja de ser una petición y pasa a ser algo comprobable. Contener la respiración para que no suene es más difícil —y más divertido— de lo que parece.
Funciona igual de bien al revés: con los ojos vendados, el propio sonido va marcando cada movimiento involuntario.
Más de lo que parece. Ese peso tira hacia abajo de forma constante, así que la sensación no depende de que nadie toque nada: está ahí todo el rato.
Y se mueve. Cada gesto lo balancea, y el balanceo cambia la tracción sin previo aviso. Es lo que convierte dos pinzas en un juguete y no en un simple apriete.
Empezar al mínimo y subir en pasos pequeños. La sensación crece sola con los minutos aunque la presión no cambie.
El momento que más duele es al quitarlas, no al ponerlas. Mientras aprietan cortan parcialmente el riego; cuando la sangre vuelve de golpe, el pinchazo es intenso durante unos segundos.
Se aflojan despacio y se masajea la zona justo después, nunca de un tirón.
Quince minutos por sesión, y menos las primeras veces. Retirar de inmediato si aparece entumecimiento, hormigueo o la piel cambia de color. No usarlas sobre piel dañada, ni con problemas de circulación, ni durante la lactancia.
| Tipo | Pinzas de pezón con campana |
|---|---|
| Colgante | Campana plateada, 6 cm |
| Presión | Ajustable |
También en dorado.
Agua y jabón neutro, aclarado y secado completo —el metal con humedad se oxida por las juntas— y guardado en seco.
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