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Muestra de fragancia.
Pasa más de lo que parece, y casi siempre por dos motivos concretos.
Dermatitis de contacto. El alcohol y algunos componentes aromáticos —limoneno, linalol, geraniol, cumarina— son alérgenos reconocidos. Por eso la normativa europea obliga a declararlos en la etiqueta cuando superan cierta concentración: si ya se sabe cuál da problema, se puede evitar leyendo.
Fotosensibilidad: algunos cítricos —la bergamota es el caso clásico— pueden reaccionar con el sol y dejar manchas oscuras en la piel. No se aplica en zonas que vayan a recibir sol directo: cuello y escote son justo los sitios de riesgo.
La solución sencilla: aplicarlo sobre la ropa en verano, que además retiene mucho mejor la fragancia.
Con piel atópica o rosácea, mejor los puntos de pulso cubiertos, o una fórmula sin alcohol.
Si aparece reacción —picor, enrojecimiento, ronchas—: lavar con agua y jabón neutro, sin frotar, y no repetir. Si no cede, consulta.
Y por eso un formato de 1 ml tiene sentido: probarlo unos días antes de comprometerse con un frasco entero.
Sobre las feromonas: no hay evidencia científica sólida de que las humanas provoquen atracción. Lo documentado es el efecto del propio perfume sobre el ánimo y la seguridad de quien lo lleva.
Prueba en el antebrazo 24 horas antes si hay piel sensible o antecedentes de alergia. Se guarda cerrado, en oscuro y lejos del calor — nunca en el baño—, y se respeta la caducidad y el PAO. Si aparece escozor, picor o enrojecimiento, se retira con agua abundante y no se repite.
| Alérgenos | Declarados en la etiqueta por normativa |
|---|---|
| Sol | Los cítricos pueden manchar: no en zonas expuestas |
| Truco | Sobre la ropa en verano |
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