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Fragancia en formato estándar.
Hay situaciones en las que el olfato baja de golpe, y ahí es cuando la gente se pasa sin darse cuenta.
Un resfriado o una alergia bloquean la nariz y con ella la percepción. Todo huele a menos, así que la tentación es aplicar el doble — y quien esté al lado lo recibe entero.
El tabaco reduce el olfato de forma sostenida en fumadores, igual que la rinitis crónica. Es otra razón típica de sobredosis involuntaria.
Y la pérdida de olfato tras una infección puede durar semanas o meses. En ese periodo lo sensato es fiarse de la cuenta —dos pulsaciones a 15 cm— y no de la sensación.
La adaptación normal hace lo mismo en pequeño: a los pocos minutos de aplicarlo, quien lo lleva deja de percibirlo aunque los demás lo sigan oliendo perfectamente.
La solución práctica: preguntar a alguien de confianza a dos metros. Es la única medición fiable que existe.
Y si la pérdida de olfato es brusca o persistente, se consulta: tiene causas concretas y a veces tratamiento.
Sobre las feromonas: no hay evidencia científica sólida de que las humanas provoquen atracción. Lo documentado es el efecto del propio perfume sobre el ánimo y la seguridad de quien lo lleva.
Prueba en el antebrazo 24 horas antes si hay piel sensible o antecedentes de alergia. Se guarda cerrado, en oscuro y lejos del calor — nunca en el baño—, y se respeta la caducidad y el PAO. Si aparece escozor, picor o enrojecimiento, se retira con agua abundante y no se repite.
| Riesgo | Resfriado, alergia o tabaco: hueles menos |
|---|---|
| Regla | Fíate de la cuenta, no de la nariz |
| Medición | Preguntar a alguien a dos metros |
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