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Fragancia en formato estándar.
Un perfume se estropea antes por el mecanismo que por el líquido.
La boquilla se obstruye con los restos secos de cada uso. Cuando empieza a salir a chorro en vez de pulverizado, casi siempre es eso: se limpia con un algodón humedecido en agua templada, o dejando la parte superior en remojo unos minutos.
El tapón importa: sin él, la boquilla se seca y entra polvo. Y sobre todo, se evapora producto.
No se agita: no hace falta y solo introduce aire, que es lo que oxida la fórmula.
Con el frasco a la mitad empieza a haber más aire que líquido dentro, y a partir de ahí se oxida más rápido. Un perfume que se usa a diario llega al final en buen estado; uno de ocasión, guardado años, no.
El último fondo sigue sirviendo: si el tubo ya no alcanza, se puede pasar a un atomizador recargable — limpio, y sin mezclarlo con restos de otra fragancia.
Y dónde no guardarlo: el baño. Vapor, calor y cambios de temperatura son la combinación que más rápido lo estropea. Un cajón, mejor.
Sobre las feromonas: no hay evidencia científica sólida de que las humanas provoquen atracción. Lo documentado es el efecto del propio perfume sobre el ánimo y la seguridad de quien lo lleva.
Prueba en el antebrazo 24 horas antes si hay piel sensible o antecedentes de alergia. Se guarda cerrado, en oscuro y lejos del calor — nunca en el baño—, y se respeta la caducidad y el PAO. Si aparece escozor, picor o enrojecimiento, se retira con agua abundante y no se repite.
| Falla | La boquilla, por restos secos |
|---|---|
| Nunca | Agitarlo ni dejarlo sin tapón |
| Guardar | Cajón, no baño |
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