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Vibrador de silicona con punta curvada hacia la pared anterior y varios mecanismos.
Con un juguete que hace varias cosas, la tentación es ir saltando. Y ahí se pierde más de lo que se gana si no se hace con criterio.
La excitación sube por acumulación, no de golpe. Cada cambio brusco de zona o de tipo de estímulo hace que el cuerpo vuelva a empezar unos segundos — no desde cero, pero sí un escalón por debajo. Si los cambios son constantes, la curva nunca sube.
Las transiciones que funcionan son solapadas: no soltar un estímulo y coger otro, sino añadir el nuevo mientras el anterior sigue, y retirar el primero unos segundos después. Así no hay hueco.
Cuándo sí conviene cambiar: cuando la sensación decae. Eso es habituación —los receptores dejan de informar de un estímulo constante— y se revierte cambiando de patrón, de zona o parando unos segundos. No subiendo la potencia, que solo adelanta el adormecimiento.
Cerca del final, al revés: lo que funcione, no se toca. Es el momento en que cambiar algo suele costar la subida entera.
Y el orden general: primero externo, después interno. El tejido de la pared anterior solo responde bien cuando ya está congestionado — a 4-5 cm de la entrada, con la curva hacia el ombligo y movimiento de apoyar y bascular.
No porosa: se lava con agua y jabón y queda limpia de verdad. Solo lubricante de base agua — el de silicona ataca la superficie.
| Forma | Punta curvada hacia la pared anterior |
|---|---|
| Transiciones | Solapadas, no de golpe |
| Al final | No cambiar lo que funciona |
Agua templada y jabón neutro sin sumergir el puerto de carga, secado completo.
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