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Lubricante de base silicona para uso anal.
Es una idea muy extendida y la anatomía no la sostiene en ninguno de los dos sentidos.
En las mujeres hay una explicación concreta: el recto y la vagina comparten una pared delgada, y por detrás de ella pasan las raíces y los bulbos del clítoris, que forman un órgano de unos 9 o 10 cm del que solo se ve la punta. La estimulación anal moviliza indirectamente esas estructuras. De ahí que se describa como una sensación distinta, más sorda y más extendida — y de ahí que combinarla con estimulación clitoriana externa funcione tan bien.
Y en los hombres, ya se sabe: la próstata está a 5-7 cm, hacia la pared frontal. Que tenerla no dice absolutamente nada sobre la orientación sexual es un recordatorio que sigue haciendo falta.
Lo que sí es común a los dos: la zona del ano tiene una densidad alta de terminaciones nerviosas por sí misma, con o sin penetración. El contacto externo ya es una práctica completa.
Y lo que decide que salga bien no es el género: es el tiempo. El esfínter interno es involuntario y solo cede al exhalar despacio, con presión sostenida en vez de empuje. Progresión de menos a más, y manda siempre quien recibe.
Por qué silicona aquí: el recto no produce lubricación propia, y un gel de agua se absorbe y hay que reponer. La silicona no lleva agua, así que no se evapora: dura toda la sesión. Rinde con dos o tres gotas.
Sus dos reglas: compatible con látex, e incompatible con juguetes de silicona, a los que arruina de forma irreversible. Para retirarla hace falta jabón.
Y las de siempre: nada de objetos sin base ancha, nada que adormezca —el dolor es la señal que evita la fisura— y del ano a la vagina, nunca sin lavar.
| Contenido | 30 ml |
|---|---|
| En ellas | Pared compartida con el clítoris interno |
| Nunca con | Juguetes de silicona |
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