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Lubricante específico para uso anal, de larga duración.
Es la parte que nadie explica y la que más tranquiliza cuando se entiende: casi todo el asunto de la limpieza se resuelve en la cocina, no en el baño.
El recto está vacío la mayor parte del tiempo. Las heces se almacenan en el colon sigmoide y solo pasan al recto cuando llega el momento de la deposición. Por eso, con un tránsito normal y habiendo ido al baño ese día, la limpieza externa con agua y jabón suave suele ser suficiente.
Lo que ayuda de verdad es la regularidad: fibra y agua a diario dan deposiciones más completas y consistentes, y eso deja menos residuo que cualquier lavado. Es una cuestión de días, no de la hora previa.
Y lo que conviene evitar el día antes: comidas muy copiosas, mucho picante —que irrita la mucosa a la salida—, exceso de alcohol y de café, y alimentos que a cada uno le sienten mal. Legumbres y crucíferas dan gases, que es la incomodidad más previsible.
El margen razonable: dejar dos o tres horas desde la última comida grande.
Sobre las duchas rectales: no son una rutina. Usadas a menudo irritan la mucosa —y una mucosa irritada facilita las infecciones—, alteran la flora y pueden crear dependencia del reflejo. Si se usan, con poca agua, templada, sola y ocasionalmente. Nunca jabón dentro.
Y lo mecánico, que no cambia: mucho lubricante —el recto no lubrica—, progresión, y el esfínter interno cediendo al exhalar despacio. Nada de objetos sin base ancha, nada que adormezca, y del ano a la vagina nunca sin lavar.
| Contenido | 30 ml |
|---|---|
| Lo que más ayuda | Fibra y regularidad, no el lavado de última hora |
| Duchas rectales | Ocasionales, agua templada sola, nunca jabón |
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