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Muñequera de 5,5 cm de ancho con anillas resistentes y bloqueo por candado, ajustable de 20 a 28 cm.
El bloqueo cambia el juego —quien lo lleva ya no puede quitárselo— y por eso exige dos precauciones que no son opcionales.
La llave siempre a la vista y al alcance. No en un cajón, no en otra habitación: en la mesilla. El error clásico es acabar buscándola con alguien atado, y es el momento en que una escena se convierte en un problema.
Una segunda copia, y unas tijeras de punta roma. Los candados pequeños se atascan; hay que poder resolverlo en segundos y no en minutos.
Con eso resuelto, el candado aporta lo que ningún otro cierre: quien lo lleva no puede aflojarlo aunque quiera — y esa imposibilidad es todo el juego.
Permiten unir las dos muñequeras entre sí, engancharlas a un arnés o a un sistema de cama. Convierten una pieza suelta en parte de un conjunto.
Lo que no se hace: colgar peso de ellas ni usarlas para suspender nada.
La muñeca es la zona más delicada de cualquier atadura: por ahí pasan nervios y vasos muy superficiales, y es donde aparecen antes el hormigueo y el entumecimiento.
Una correa fina concentra la tensión en un borde. Con 5,5 o 6 cm, esa misma fuerza se reparte en una superficie varias veces mayor — es la diferencia entre aguantar diez minutos y poder estar el rato que se quiera.
Cinta métrica alrededor de la muñeca, sin apretar, por donde iría la pieza. Suele estar entre 15 y 20 cm en la mayoría de personas adultas.
Un dedo de holgura entre la correa y la piel. Nunca dejar a nadie inmovilizado sin vigilancia. Palabra de seguridad acordada de antemano, y soltar de inmediato ante hormigueo, entumecimiento, frío o cambio de color. Tijeras de punta roma a mano.
| Ancho | 5,5 cm |
|---|---|
| Ajuste | 20 – 28 cm |
| Cierre | Anillas con bloqueo de candado |
Paño húmedo y secado al aire. Revisar anillas y mecanismo de bloqueo antes de cada uso.
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