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Estuche de Fetish Fantasy con varios accesorios: normalmente antifaz, ataduras, algún elemento de impacto y piezas de sujeción.
En esta categoría, lo que se acuerda pesa más que lo que trae la caja. Y son cuatro cosas concretas.
Qué sí y qué no. Se habla antes y fuera de la cama, pieza a pieza: qué apetece probar, qué no se toca y qué está por decidir. Sacar algo por sorpresa pone a la otra persona en la posición de decir que sí sin pensarlo.
Cómo se para. Una palabra de parada —una que no aparezca de forma natural— y una señal no verbal por si hay mordaza o antifaz: dos golpes con la mano, o soltar un objeto que se sostiene. Usarla no exige justificación ni tiene consecuencias después.
Quién vigila. Quien dirige es responsable de mirar manos, color de la piel y respiración. Nunca se deja sola a la persona atada, ni un momento.
Y qué pasa después. Hablar al terminar —qué gustó, qué no— es lo que hace que haya una segunda vez.
Ataduras: dos dedos de holgura, peso nunca colgando. Hormigueo, entumecimiento, frío o cambio de color: se suelta de inmediato — el riesgo es nervioso y deja secuelas de semanas. Tijeras de punta roma a mano, y los cierres tienen que abrirse de un gesto.
Collar: dos dedos, no se tira de él y no se ata nada a él. La presión sobre el cuello puede hacer perder la conciencia sin aviso previo.
Impacto —fusta, pala—: solo nalgas y parte alta y externa de los muslos. Nunca riñones, columna, cuello, cabeza ni articulaciones. Se empieza flojo y se sube.
Antifaz: avisar antes de tocar, o mantener contacto continuo — aparecer de golpe en una zona nueva sobresalta y corta la escena.
Y nada de alcohol: adormece justo las señales que hay que escuchar.
| Antes | Acordar qué sí, qué no y cómo se para |
|---|---|
| Durante | Quien dirige vigila; nunca dejar sola a la persona |
| Después | Hablarlo: es lo que hace que haya segunda vez |
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