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Antifaz de Coquette de encaje, en negro.
El encaje deja pasar algo de luz: no ciega del todo. Se intuyen formas y sombras, y eso es lo que hace que el resto de sentidos estén más despiertos sin que nadie quede a oscuras.
La consecuencia práctica es la más útil: con este antifaz se puede seguir funcionando. Se anda sin tropezar, se sirve una copa, se va al baño y se vuelve. Un antifaz opaco convierte a quien lo lleva en alguien que necesita asistencia para cualquier cosa; este no.
Por eso es el que se lleva puesto una noche entera —en una fiesta, en un juego largo, en una máscara veneciana— y el opaco es el que se pone y se quita por escenas concretas. No son la misma pieza para el mismo momento.
Y para quien nunca ha probado a taparse los ojos, es una entrada mucho más suave: la sensación de perder el control es gradual y reversible con solo levantar la barbilla.
La cinta, por debajo del pelo suelto y a la altura de la nuca, no sobre la coronilla: ahí resbala. Y con maquillaje de ojos ya seco — el encaje contra un producto reciente se mancha y no siempre sale.
Con lentillas no da problema, a diferencia de un antifaz acolchado que presiona el párpado.
Si se va a usar en un juego, acordado antes cómo pedir que pare, y hablando más de lo habitual: quien ve menos necesita saber dónde está la otra persona.
A mano, en agua fría, y secado al aire sin retorcer. El encaje se engancha con todo: se guarda solo, no revuelto con piezas de metal.
| Qué hace | Reduce la visión: sombras y formas |
|---|---|
| La ventaja | Se puede andar, servir y volver sin ayuda |
| Al ponerlo | Cinta bajo el pelo, en la nuca; maquillaje seco |
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